Fotografias: Nelia Vidal Vidal
Cronica y fotografias: Nelia Vidal Vidal
La Sala La Riviera acogió anoche una de esas citas que apelan directamente a la memoria colectiva del rock español. Ramoncín regresó a los escenarios madrileños dentro de la programación de Inverfest, firmando un concierto intenso, honesto y cargado de clásicos que marcaron a varias generaciones.
Desde los primeros acordes, el artista dejó claro que no había espacio para la nostalgia vacía. Acompañado por una banda sólida y compacta, Ramoncín desplegó un repertorio basado en sus grandes himnos, con temas como “Hormigón, mujeres y alcohol”, “La chica de la puerta 16”, “Miedo a soñar” o “Al límite”, que fueron recibidos con entusiasmo por un público entregado desde el primer minuto.
La conexión con la sala fue total. La Riviera se convirtió en un coro constante, demostrando que las canciones siguen vivas y conservan intacta su capacidad de emocionar. Entre canción y canción, Ramoncín se mostró cercano y reflexivo, compartiendo mensajes sobre el paso del tiempo, la música y la importancia del directo como espacio de verdad y resistencia.
Lejos de acomodarse, el cantante ofreció un show directo y sin artificios, apoyado en el peso de su trayectoria y en una actitud combativa que sigue siendo una de sus señas de identidad. Su voz, reconocible y rasgada, sostuvo con solvencia un concierto que fue de menos a más, culminando en un tramo final especialmente celebrado.
La actuación de Ramoncín se consolidó como uno de los momentos más destacados del paso de Inverfest por La Riviera, aportando el peso de la historia y el espíritu del rock clásico a un festival caracterizado por su diversidad artística. Una noche de reencuentro, celebración y reivindicación del directo como lugar sagrado.
Ramoncín ha sido y será un cantante de rock del bueno sin artificios. Uno de los artistas españoles que continúa subiéndose a los escenarios continuamente a pesar de todo. Su energía e ilusión hacen que cada concierto sea una explosión de fuerza, vitalidad y bien rock indescriptible. Ayer fue uno de esos días. Rock de siempre y por siempre